El 77,82% de los 13.213 docentes encuestados por STEs-i en todo el Estado considera que el exceso de jornada y el malestar docente afectan a su conciliación familiar o a su situación emocional. Dar clase ya no es lo que era; a la jornada se ha añadido una larga lista de labores no docentes. El profesorado percibe que debe actuar como psicólogo, asistente social, enfermero, informático y administrativo, pese a carecer de formación y recursos para ello. Que el profesorado esté cansado, con desánimo y pérdida de ilusión es la peor cosa que le puede pasar a la educación.